Un curioso ejemplo de cómo las nuevas tecnologías alteran los usos sociales. En Japón, los asistentes a los funerales emplean sus teléfonos para fotografiar al muerto antes de incinerarlo (el artículo no indica si se trata de un práctica difunda o simplemente ha sucedido un par de veces).
Como toda costumbre social no es más que eso, una costumbre, hay al menos dos formas de interpretarlo. Por un lado, podría interpretarse como una irrespetuosidad para con el fallecido. O alternativamente, como una forma extrema de respeto, preservando la imagen del fallecido en nuestro recordatorio personal.
(vía Picturephoning.com)
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